Aviso Parroquial: FELICES PASCUAS
   
 
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  Cristo Resucitó
 

El Señor está de nuevo en medio de nosotros. Él es nuestra paz. Con Él vamos construyendo un mundo nuevo. Jesús vive, con su resurrección está de nuevo entre sus discípulos. Esto es lo decisivo.
Recuperan a Jesús lleno de vida. Los discípulos se encuentran con el que los ha llamado y a quien ellos han abandonado. Hay una especie de duelo y al mismo tiempo de miedo que no les permite salir, están a puerta cerrada, es lógico después de la muerte de Jesús.
Tal vez el dolor y el sufrimiento provocado por la muerte de Jesús no les permite abrir sus horizontes a la misma vida. Así pasa cuando el ser humano se cierra, contempla muy pocas posibilidades y el miedo lo único que provoca es encerramiento. 
Esa es la gran lección de la resurrección de Jesús, tendremos que aprender a vivir de la fe, de aquel que no hemos visto ni oído, pero que sin verlo y tocarlo está vivo, porque la fe así no los presenta. Un cristo vivo que ofrece paz, que ofrece luz y que ofrece la vida eterna. Tendremos que aprender a llenarnos de su Espíritu.

Recordar sus palabras y actualizar sus gestos en nosotros. Con la seguridad que Jesús el Señor, está con nosotros, lleno de vida para siempre. Debemos pedir que el Resucitado despierte en nosotros la alegría, la paz, una paz honda y una alegría incontenible; que nos haga cantar ¡Aleluya al Señor, Aleluya por lo que ya vino y por lo que llegará, ALELUYA! Esta paz y esta alegría nacen de la efusión del Espíritu Santo que sopla sobre nosotros como ráfaga de aire nuevo, que renueva con intensidad y profundidad la vida de todos.

Ayuda a romper incluso la actitud mas escéptica como la de Tomás, que si no ve y no toca las llagas de las manos y los pies y el costado abierto de Jesús, no creerá en el resucitado.

A nosotros nos debe dar esperanza ver al Señor en medio de nosotros, su presencia es transformadora. Como los discípulos debemos abrir nuestras puertas y sentirnos enviados a vivir la misma misión que él había recibido del Padre. 
Nosotros sabemos que con las puertas cerradas no sabemos lo que sucede fuera. Así, no es posible captar acción del Espíritu Santo. Se apaga la confianza y crecen los recelos y prejuicios con las personas.

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