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  Auméntanos la fe (Lucas 17,5-10)
 

Los discípulos le hacen a Jesús una petición vital: <>. En otras ocasiones ellos les piden que les enseñe a orar, que les enseñe a amar, a servir, a dar la vida por los demás. Hoy le piden que les aumente su fe. Que no basta la que han vivido desde niños para responder a sus compromisos, a su llamada al servicio. No basta haberla solo recibido en el bautismo sino se hizo crecer, la fe recibida tuvo que ser aumentada con- forme ha pasado el tiempo en la vida. Necesitamos una fe más grande y robusta. Una fe que mueva las montañas del egoísmo, que nos lleve al heroísmo de dar la vida y servir a los demás con amor como lo hizo Jesús en su tiempo.
 
Los tiempos modernos exigen que vivamos una fe en fidelidad al Evangelio para acabar con las horas oscuras provocadas por algunas ideologías. En los veinte siglos de cristianismo que han pasado, los cristianos para responder a su tiempo y a su época han necesitado de una fe recia para no sucumbir ante las grandes crisis e incertidumbres.
 
¿Acaso no necesitamos pedir de nuevo al Señor que aumente nuestra fe? Si, enséñanos que la fe no consiste en creer en algo, sino en ti, Hijo encarnado de Dios. Eres tu quien inicia y consuma nuestra fe.
  

Danos una fe centrada en lo esencial, purificada de adherencias y añadidos postizos, que nos alejan del núcleo del Evangelio. Sobre todo en estos tiempos enséñanos a vivir una fe no fundada en apoyos externos, sino en tu presencia viva en nuestros corazones y comunidades.
 
Has que la fe nos ayude a cultivar una relación vital contigo, tu eres nuestro Maestro. Ayúdanos a compartir a los demás con nuestro testimonio de fe, y, que al compartirla se contagien los demás. Con frecuencia escuchamos que nuestro querido Tabasco necesita cambiar, pero: ¿cómo lo va hacer? con una fe tan frágil y superficial no se pueden mover los hilos de la historia, un pueblo entero no podrá cambiar nada sino tiene la fe grande y robusta como una ceiba erguida en el campo para lograrlo. Por eso, como los discípulos amigos del Señor le pedimos humildemente.

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