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  He venido a traer fuego a la tierra
 

Cristo entra y nos transforma (Lc. 12,49-53) Jesucristo, cuando se encarnó en nuestra humanidad, quiso “sumergirse” dentro de nosotros, para que nosotros pudiéramos ser sumergidos en su vida divina. Y lo hizo hasta el fondo. Se adentró a lo más profundo de nuestra humanidad, de tal modo que fue capaz de solidarizarse con los sufrimientos del mismo hombre.
 
¿Por qué quiso hacerlo de esta forma, de entrar en nuestras vidas tan radicalmente? Porque dentro su corazón ardía fuego que no se puede apagar. La misma Escritura en el AT dice que ni las aguas ni nadie podrá apagar el amor que Él nos tiene (Cantares 8,7). Su corazón se compadeció de nuestra sed de amor, de nuestra necesidad de amar y ser amados como Él, el verdadero amor que sostiene y que necesitamos todos para transformar nuestro mundo y comunidad. Y no solo nos amó hasta el fin, sino nos invita a amar como Él nos ha amado. El fuego que lleva dentro de su ser de Dios lo mueve ardientemente a transmitirlo.
 
En el fuego hay luz y calor, pero también riesgos. El fuego transforma todo aquello que toca. El verdadero amor cambia la vida, cambia todo, y ésto a veces nos puede causar miedo y estupor. ¿Estamos divididos por dentro? ¿Qué cosas tenemos que perder? ¿Acaso perdemos algo si ganamos a Jesucristo? ¡Él es nuestro tesoro, Él es todo por nosotros! Si el amor está impulsándonos a dejar todo ésto o aquello, en el fondo es que está abriendo espacios para llenar nuestra vida y nuestro ser.
 
Seguir a Cristo en el dolor y el sufrimiento significa también seguirlo en el amor. El profeta Jeremías es figura de Jesucristo, y sufrió horrores en su tiempo. Muchas veces Jeremías clamaba a Dios diciendo: “Señor, estoy cansado de hablar sin que me escuchen. ¡Todos se burlan de mí! Cuando paso por las calles se ríen y dicen: ‘Allá va el de las malas noticias’. Me propongo decirles cosas amables, y Tú en cambio pones en mis labios anuncios terroríficos!”. Nuestras vidas están marcadas tantas veces por el dolor y los sufrimientos, por ello nosotros no debemos desechar el dolor y el sufrimiento provocado por diversas situaciones.

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